Los elogios, ¿realmente empoderan?

Los elogios, ¿realmente empoderan?

El elogio es un reforzador social. Es un tipo de premio muy utilizado, debido a su poder de persuasión y también para evitar los premios materiales, muy a debate hoy en día. Pero … ponemos en duda, también, este premio verbal.

Un niño acostumbrado a que, ante cualquier hito le digan «muy bien» (o cualquier sinónimo: «fantástico», «genial»), puede mostrar más necesidad de reafirmación cuando, por cualquier circunstancia, el elogio no se da. Entonces, es cuando el niño nos viene con el dibujo y nos dice: «madre, que te gusta?», O va al profesor a preguntarle si lo ha hecho bien. Cuando esto se da de forma constante, puede querer decir que el niño no tiene suficiente seguridad. Es decir, su autoestima recae en manos del elogio que le transmite el adulto.

Permitamos al niño decir su sobre sus producciones «y ti, que te gusta el dibujo que has hecho?». Y en el caso de las tareas académicas, en lugar de decir «muy bien», explicamos cuáles son los criterios para evaluar determinado trabajo y trasladamos hacia la misma parte de la decisión.
Pero sobre todo, lo más importante, sería que todos los elogios fueran destinados al proceso. Si nos centramos en el resultado, esto crea comparaciones y competencia para ser los «mejores». Para los niños con algún tipo de dificultad en alguna área, esto les da más inseguridad y por tanto, los desmotiva, porque se comparan con los demás, no con ellos mismos; no se focalizan en el esfuerzo. Para los niños con dotes en algún aspecto, también hay inconvenientes: la presión de estar a la altura de la expectativa para conseguir la aprobación.

Por último, no olvidemos que hablamos de un premio, que, al final, al igual que ya comentamos en otro post sobre las amenazas, no deja de ser una herramienta de manipulación, no nos enseña a pensar, decidir. Además, no favorece la motivación intrínseca. Es decir, el niño siempre hace lo que se espera de él para recibir esta aprobación.

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