La capacidad de expresar las emociones

La capacidad de expresar las emociones

Poder mostrar lo que sentimos (nuestros deseos, opiniones, pensamientos) permite, siempre y cuando lo hacemos con respeto, una relación más sana con nosotros mismos y, por tanto, con los demás.

Culturalmente, generación tras generación ha habido la creencia de que las emociones desagradables debían reprimir, que una buena gestión emocional pasaba por la censura o la negación de emociones tales como la rabia, la tristeza, los celos, etc (por ejemplo «no te enfades»). Esto provocaba somatizaciones (el cuerpo «hablaba» por nosotros en forma, por ejemplo, de dolor de cabeza y otras dolencias más graves como algunos tipos de cáncer) e incluso, cronificación de la emoción (una tristeza no expresada podía convertirse en depresión ; un miedo en fobia, etc).

Poco a poco, se ha ido demostrando que la buena gestión emocional resulta de la validación y acompañamiento de la misma, sin etiquetarla como buena o mala dado que cada emoción cumple con su función y se las debe transitar (o permitir ser) para soltarlas.

Aunque cada vez somos más los padres, abuelos, tíos, etc sabedores y defensores de este cambio en la cultura emocional, es complicado cambiar actitudes y creencias que tenemos muy integradas de forma inconsciente. Así, nos encontramos, a veces ya modo de ejemplos, evitando muestras de amor al niño enfadado, diciendo al niño que tiene miedo «tranquilo, que no pasa nada», evitando hablar de una pérdida con un niño por miedo a que sufra más, etc.

Desde Petitament, creemos que la expresión de los sentimientos es la base que sustenta toda la educación emocional. Por ello, en los extraescolares y talleres tanto para niños como para padres, nuestra máxima prioridad es crear un espacio donde todos se sienta libre de expresar con la condición de no ser juzgado.

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