Juego libre como herramienta terapéutica

El juego libre también tiene un valor terapéutico muy importante ya que permite al niño expresar emociones y elaborar hechos que han tenido un impacto emocional para él. Proporciona gran cantidad de beneficios en la emocionalidad de los niños y se convierte en una fuente de liberación y expresión.
  • El juego permite al niño liberar emociones que no serían socialmente «correctas» de una forma más adecuada ya que las extrae a través de una situación figurada.

Por ejemplo: Cuando un niño está enfadado, por el motivo que sea, jugando puede extraer toda la rabia «atacando, destruyendo…» una figura que representa inconscientemente lo que le ha hecho daño. Muchas veces nos da también información de la fuente de su conflicto.

  • Le da la posibilidad de asumir el rol de diferentes personajes y puede practicar las diferentes características que representa cada personaje.

Por ejemplo: Hay un niño que se siente frágil y juega todo el rato a superhéroes, sin saberlo puede estar practicando y sintiendo rasgos que quizás inconscientemente siente que le faltan (fortaleza, valentía…).

  • Puede actuar situaciones idílicas y sentir el bienestar que esto le genera.

Por ejemplo: si un niño está pasando por una separación de los padres, puede jugar a tener el padre y la madre juntos, proyectando en el juego su anhelo. Los niños en el juego a menudo proyectan lo que hay en su entorno o lo que les gustaría que hubiera.

  • Representando y reproduciendo situaciones que le han generado malestar y conflicto.

Por ejemplo: un niño ha pasado miedo en el médico porque le tenían que poner una vacuna, al volver a casa juega que él es el médico y pone una vacuna a los muñecos, así asume el rol de poder que tiene el médico y puede integrar la situación.

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Aun así, el juego libre sin acompañamiento siempre es fuente de bienestar y equilibrio emocional para un niño.

La terapia de juego puede ser empleada en una gran variedad de problemáticas y trastornos de diversa índole, y de hecho se utiliza en muchos ámbitos de intervención.

Algunos trastornos y situaciones en que puede ser de gran utilidad es ante la presencia de alteraciones emocionales, ansiedad, pánico o baja autoestima. Niños que hayan vivido eventos traumáticos como abusos sexuales, violencia intrafamiliar, abandono de uno o de los dos progenitores, bullying o muertes de seres queridos pueden expresar y procesar sus sensaciones y vivencias con este tipo de terapia. También resulta útil para procesar, expresar las emociones que provocan y trabajar fenómenos como el divorcio de los padres, cambios de domicilio o precariedad económica.

Finalmente, también resulta de gran ayuda en niños con problemas en la comunicación y menores que presenten trastornos como el TDAH, obsesiones, autismo, trastornos alimentarios o trastornos del estado de ánimo como la depresión.

En general este tipo de terapia provoca una disminución del miedo y la ansiedad, un aumento de la sensación de control, la autoconfianza y las habilidades sociales y la generación de nuevas perspectivas y estrategias de afrontamiento, además de una mejora sustancial del estado del ánimo.